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Los rabinos que están preocupados con reglas sistémicas no comprenden el fin de la Halajá

Los rabinos que están preocupados con reglas sistémicas no comprenden el fin de la Halajá.

Las autoridades legales judías pueden volverse insensibles a las necesidades humanas y apáticas al llamado de lo Divino – esto fue exhibido en un reciente debate acerca de si una comunidad de sordos puede realizar una lectura pública de la Torá en  lenguaje para sordo mudos.

Por el Rabino Michael Knopf

Una vieja parábola nos cuenta acerca de seis hombres que fueron llevados a un cuarto oscuro con un elefante. Se les dijo que tocaran el objeto en la habitación y determinaran que era. Los hombres empezaron a tocar el cuerpo del elefante. El que toco su pierna dijo “Es una columna.” El que toco la trompa dijo, “Es un caño de agua.” Cada hombre pensó que la parte que estaba tocando era un objeto por sí mismo, ninguno se pudo imaginar a la majestuosa creatura que estaba en realidad frente a ellos.

Las autoridades legales (o Halájicas) muchas veces actúan así. Preocupados por las reglas sistémicas ignoran a las personas cuyas vidas dependen de las decisiones que toman. Se quedan absortos en el frío cálculo de los hechos mientras se olvidan del Dios amoroso, compasivo y justo, que se supone es la fuente de su autoridad en primer lugar. Al centrarse en las partes e ignorar el todo, los rabinos, en las palabras del Rabino Elie Kaplan Spitz, convierten a la Halajá en algo más parecido a un juego de ajedrez que en un sistema que es reflejo del esfuerzo de comprensión religioso.”
 
Por ejemplo, la renuencia de los rabinos ortodoxos para encontrar formas de para que las “agunot” (mujeres legalmente atadas a matrimonios que se han terminado) puedan volver a casarse, me impacta como un ejemplo especialmente notorio de los rabinos que se centran en reglas sistémicas por encima de la necesidad human y de la exigencia Divina. Aunque para ser justo, la enfermedad no existe solamente en la derecha: nosotros los liberales del mundo judío a veces también confundimos al bosque con lo árboles.

Tomemos, por ejemplo, un reciente debate que observé en una reunión de la Comisión de Ley Judía y Estándares de Movimiento Conservador (Conservative Movement’s Committee on Jewish Law and Standards) (CJLS). La (CJLS) estaba discutiendo si una “teshuvá” (opinión legal – respuesta rabínica) acerca de si una comunidad sorda puede realizar una lectura completamente ritual de la Torá en el lenguaje por señas para sordomudos.

El año pasado, la CJLS unánimemente aceptó una teshuvá que confería igual estatus a los judíos sordos en prácticamente todas las otras áreas de la práctica judía: observar los mandamientos, contar en un minián y hacer el servicio en el lenguaje por señas. La CJLS sin embargo, dejó sin resolver la cuestión de la lectura de la Torá en el lenguaje por señas para sordomudos, porque no había consenso acerca de si el uso de este lenguaje es considerado leer o traducir.

Para la última reunión de la comisión, la Rabina Pamela Barmash, la autora de ambas teshuvot, invitó a respetados miembros de la comunidad sorda para dar testimonio experto. Con la ayuda de intérpretes del lenguaje por señas, los testigos expertos se dirigieron a la comisión con mucha pasión y elocuencia.

Después del testimonio, los miembros de la comisión comenzaron a discutir sobre las cuestiones legales más sutiles que presentaba la teshuvá, especialmente el debate de “leer versus traducir.” Después de alrededor de una hora de forcejeo legalista, un testigo se levantó y por medio de su intérprete, hizo este ruego: “Lo que yo y la comunidad sorda queremos es tener los mismos derechos y oportunidades que la comunidad que oye. Queremos tener acceso a la palabra de Dios en la única forma en que podemos. Por favor,” dijo, mostrando claramente su pasión y su dolor, “permítannos tener Torá, también. Eso es todo lo que pedimos.”

Por suerte, las palabras de la víctima ayudaron a persuadir a la comisión a aprobar la teshuvá. Uno de los miembros de la comisión, el Rabino Aarón Alexander, reflexionó que la CJLS mostraba su compromiso con “la inclusión y el casi-igual acceso a la Torá” para todos. El voto final representa a la regla más que a la excepción: la CJLS demuestra una y otra vez que aborda halajá con lealtad a la tradición y amor tanto por Dios como por las personas. Y debemos reconocer que aún los miembros que tuvieron dudas si el lenguaje por señas técnicamente puede contar como una lectura de Torá oficial parecían estar luchando para encontrar una justificación legal para que pudiera ser así.

Pero demasiado a menudo, muchas autoridades rabínicas de todos los movimientos ceden a la tentación de concentrarse en partes de la tradición halájica e ignorar a la completa creatura majestuosa que abarca a Dios, a la Torá y al Pueblo.

Es por esto que el Talmud enseña que “un juez rabínico sólo tiene lo que sus opb3ur ven” (Bava Batra 130b). A un rabino, no se le permite en la ley judía tomar decisiones halájicas pensando sobre las cuestiones teóricamente o abstractamente. En cambio, un rabino debe entrenarse a ver las verdaderas vidas delante suyo – en su totalidad, en sus necesidades – y dictaminar con conocimiento y percepción de esas vidas y con sensibilidad hacia ellas. Cuando los rabinos se concentran sólo en minucias legales, cuando tratan al juicio como simple ecuación o como un juego de destreza pueden perder la comprensión del todo.

El desafío por lo tanto es si los rabinos son capaces de restaurar a Dios y a la gente al lugar al que tienen derecho dentro del todo halájico. Una halajá que se concentra solamente en las reglas y precedentes y permanece insensible a las necesidades humanas y apática al llamado de lo Divino no es halajá en absoluto. Hay razones por las cuales un enfoque así de la ley judía, fue una vez, aunque quizás no auténtico, convincente. Pero en nuestro tiempo una halajá desencarnada no sólo es ilegítima, es también no deseable. Los judíos ya no se someten a una halajá que esté divorciada de su sentido de lo que un Dios benevolente alentaría, o que ignora las necesidades legítimas de la gente. Ni deberían hacerlo. Nuestro pueblo necesita líderes que reconozcan al elefante en la habitación.

Michael Knopf es el Rabino Asistente del Templo Har Zion en Pensilvania y un reciente egresado de la Ziegler School of Rabbinic Studies (parte de la American University of Judaism) en Los Ángeles  (Newsmax.com)

Fuente: www.haaretz.com

Traducido por Ría Okret

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