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Mujer y Judaísmo

Orgullosamente patrocinado por la “sisterhood” de Temple Israel

Noticias de la Biblioteca de Jo Schnittman
Lo que sigue es una historia del folklore que pueden disfrutar y contar a vuestros hipb3ur y nietos.

De “A Flock of Angels; A Rosh Hodesh Tale from The Day the Rabbi Disappeared; Jewish Holiday Tales of Magic retold by Howard Schwartz.

Hace mucho tiempo, en la población kurda de Mosul, vivía una joven llamada Aserath que era conocida por las maravillas que hacía. Su bendición era muchas veces buscada por mujeres que deseaban tener bebés, o por gente enferma que deseaban ser curada. El contacto de sus manos tenía poderes sanadores, especialmente para los niños.

Aserath había aprendido todo de su padre, Rabi Samuel Barzani, que conocía bien los secretos del Cielo. Le había enseñado estos secretos hasta que la sabiduría y los poderes de la muchacha eran tan grandes como los suyos. La gente susurraba que el espíritu de su padre descansaba sobre ella, y por este motivo era conocida como Rabi Aserath.

Después que Rabi Samuel murió, visitaba a menudo a su hija en sueños. Le revelaba peligros y le explicaba como evitarlos, salvando muchas vidas. Una noche Aserath soñó que Rabi Samuel le dijo que fuera a la población kurda de Amadia para Rosh Jodesh, la celebración de la luna nueva. Le dijo que los judíos de Amadia necesitaban su protección.

Cuando los judíos se enteraron que Rabi Aserath estaba planeando viajar a Amadia, le rogaron que no fuera, porque las cosas se habían vuelto peligrosas para los judíos que vivían allí. “A todos los judíos se les ha advertido que no vayan a Amadia,” le dijeron. “¡Si vas, seguramente estarás arriesgando tu vida!” Pero Aserath estaba decidida. Se despidió de la gente de su ciudad y comenzó su viaje.

Cuando Rabi Aserath llegó a la población que había visitado tan a menudo, se le otorgó el respetó debido a una mujer santa. Pero la gente se inquietó cuando les dijo que deberían celebrar Rosh Jodesh al aire libre, para poder ver la luna nueva, como era su costumbre. Querían quedarse adentro en la seguridad de su sinagoga, porque sabían que estaban rodeados de enemigos y que sus vidas corrían peligro. “No tengáis miedo,” les dijo. Y su fe en Dios y su confianza en ella eran tan grandes que aceptaron celebrar como en el pasado, a pesar del peligro.

Así que la noche de Rosh Jodesh, todos salieron a celebrar la luna nueva y el nuevo mes. Al principio lo hicieron con cautela, pero pronto empezaron a cantar y a bailar con abandono en la plaza del pueblo. Pero repentinamente hubo gritos y vieron elevarse llamas en el cielo. Le habían prendido fuego a la sinagoga. Gracias a Dios que no había habido nadie adentro. Pero no podían soportar ver a su sinagoga consumida por las llamas. Muchos hombres tuvieron que ser sujetados para que no corrieran adentro y murieran quemados tratando de salvar los rollos de la Torá. Por todas partes la gente sollozaba, cayendo de rodillas, porque sabían que las llamas se estaban aproximando rápidamente al Arca donde se guardaban las Torot.

En ese mismo momento, Rabi Aserath susurró un nombre secreto, un nombre que había aprendido de su padre. Enseguida la gente oyó un fuerte batir de alas y un gran viento se arremolinó a su alrededor, y creyeron que había una bandada de pájaros encima de sus cabezas. Pero cuando miraron hacia arriba, había una bandada de ángeles descendiendo sobre el techo de la sinagoga. Los ángeles apagaron las llamas con sus alas, hasta que no quedó ni una sola chispa. Entonces se elevaron al cielo como una bandada de palomas blancas y desaparecieron.

La gente se sintió sobrecogida. Gritaron “¡Ángeles, Ángeles!” Y cuando el humo se disipó vieron que había ocurrido otro milagro más; la sinagoga no se había quemado. Ni había sido tocada por las llamas ni una sola letra de ninguna de las Torot.

Cuando los enemigos de los judíos se enteraron del milagro de los ángeles y vieron como su sinagoga se había salvado del fuego, tuvieron tanto miedo que no atrevieron a tocar ni un pelo de un solo judío.

En cuanto a los judíos de ese pueblo, lloraron y rezaron y agradecieron a Dios por haberlos salvado a ellos y a su amada sinagoga. Y estuvieron tan agradecidos a Rabi Aserath que le cambiaron el nombre a la sinagoga y le pusieron el de ella, y la sinagoga aún sigue ahí hasta el día de hoy.

Y todo esto pasó debido al coraje y la lealtad de Rabi Aserath al honrar el deseo de su padre, que le fue transmitido en un sueño, de que fuera a ese pueblo para la celebración de la luna nueva,

Kurdistán, siglo diecisiete

Rosh Jodesh marca el comienzo de un nuevo mes judío. El nuevo mes comienza cuando aparece la luna nueva. En tiempos bíblicos, los meses eran calculados por la luna, y Rosh Jodesh era un festival menor. Se hacían ofrendas especiales y se tocaba el shofar, el cuerno de carnero, como está escrito en Salmos 81:4: Tocad la trompeta (shofar) en el novilunio, en el plenilunio, en el día de nuestra fiesta. En tiempos talmúdicos, el comienzo de un nuevo mes era declarado cuando dos testigos habían visto el creciente de una luna nueva y lo habían informado al Sanedrín, la alta corte. Transmitían esta información encendiendo fogatas en lo alto de las colinas.

La leyenda judía dice que Dios hizo a Rosh Jodesh un día especial para las mujeres, para recompensarlas por negarse a ayudar a sus maridos a construir el becerro de oro en el Monte Sinai. Era tradicional que las mujeres no trabajaran ese día. Recientemente las mujeres judías han redescubierto Rosh Jodesh como un tiempo para celebrar el renacimiento y renovación de las mujeres y de la luna. También eligieron Rosh Jodesh para la ceremonia de Simjat Bat (dar el nombre a una niña) o como un tiempo para reunirse para estudiar o para prácticas religiosas.

Rabi Aserath Barzani. Hasta la era moderna, muy pocas mujeres fueron dadas el titulo de “Rabi.” Pero algunas veces la sabiduría y erudición de una mujer eran tan excepcionales que ese titulo les fue dado. Tal fue el caso de Rabi Aserath Barzani, que vivió en Mosul, Kurdistan, de 1590 a 1670. Otro caso fue el de Hanna Rajel Werbemacher, conocida como la Doncella de Ludomir, que vivió en Europa Oriental en el sigo diecinueve y también fue reconocida como Rabi. Rabi Aserath era hija de Rabi Samuel Barzani, que dirigió muchas ieshivot durante su vida. Era un maestro de Kabala, la tradición mística judía, y se dice que le enseño muchos de sus secretos a su hija.

Después que Rabi Barzani murió, muchos judíos hicieron peregrinajes a su tumba en Amadia. La hija adoraba a su padre, a quien consideraba el rey de Israel. Fue su principal maestro, y después de su muerte asumió muchos de los deberes de su padre. No sólo sirvió como rabino, sino que se convirtió en la cabeza de la Ieshiva de Mosul, y con el tiempo llegó a ser conocida como la principal maestra de Torá en Kurdistan. Además, era poeta y experta en literatura judía, y hay muchas leyendas kurdas sobre los milagros que hizo.

Traducido por Ría Okret

Nota de la Traductora: De Una Bandada de Ángeles; Un cuento de Rosh Jodesh de El Día que el Rabi Desapareció; Cuentos de Magia de las Festividades Judías contados otra vez por Howard Schwartz.

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