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Healing

capitulo 1 de 10 salmos Tikun Haklali Salmo 16

Salmo 16

1. Himno de David. Protégeme, oh Dios, porque en Ti me refugio.

2. Le dije al Eterno: "Tú eres mi Señor, mi bien sólo proviene de Ti".

3. Los santos y señores de la tierra en quienes me complacía, no me satisfacen.

4. Sus ídolos abundan, tras ellos van corriendo. mas yo jamás derramaré sus libaciones con mis manos, ni pronunciaré sus nombres en mis labios.

5. El Señor es la porción de mi herencia y mi copa; Mi suerte está en tu mano.

6. He sido agraciado con agradables porciones, y una primorosa heredad.

7. Bendeciré al Eterno que me aconseja; aun de noche me instruye en mis íntimos pensamientos.

8. Tengo siempre presente al Eterno, porque estando Él a mi diestra, no vacilaré.

9. Por eso se me alegra el corazón, Mi cuerpo también descansa sereno;

10. porque no me abandonarás en la morada de los muertos, ni dejarás que Tu fiel seguidor vea el abismo.

11. Me enseñarás el sendero de la vida; me saciarás de gozo en Tu presencia, a Tu diestra está la dicha eterna.
 
CONTINUAMENTE ANTE MÍ
Comentario sobre el Salmo 16

Rabino Harlan J. Wechsler

El salmista está enfermo, deseando tener esperanza y sin embargo necesitando reasegurar que la esperanza vale el esfuerzo. Imaginemos juntos la experiencia de vida del salmista según lo expresado por sus palabras.

David necesita protección, por lo que comienza pidiendo a Dios que esté a su lado (versículo 1). Luego él se habla a sí mismo, como lo hacemos todos; él se dirige a una parte de sí mismo, como si él fuera otra persona (versículo 2). En verdad, nosotros somos muchas personas. Una parte de David, en particular, necesita ser contemplada: la parte que se siente indigna. Hay algo intimidatorio acerca de su posición: Debiendo recurrir a Dios sin realmente haberse preparado para ese apelo. ¿No es extraño recurrir ahora a Dios, ahora que estamos en la trinchera necesitando la ayuda de Dios? Es embarazoso siquiera comenzar—pero, sino ahora, ¿cuándo?

Este sentido de falta de adecuación, distancia, o de indignidad persiste (versículo 3). Hay muchos en alianza con Dios, amigos que tienen la entrada al alcance. Sí, tiene sentido para ellos acudir a Dios, y tiene sentido para Dios acudir a ellos. Pero aquí estoy yo; ¿tiene sentido para mí?

Por cierto, aquellos que están bien con Dios parecen tener un régimen de manejo del dolor. Ellos pueden superarse a sí mismos. Pero David siente que él no puede hacerlo (versículo 4). Él está necesitado de Dios, y él está agobiado por su propia culpa, por su propia insuficiencia. Quizá él siente que está sufriendo porque se lo merece. O quizá el sufrimiento puede sobrevenir a cualquiera, pero él teme que debes merecer la atención especial de Dios antes de que tengas la temeridad de decir: "¡Sáname!"

Pronto, sin embargo, la introducción incierta deja paso a la otra parte de David, la parte que sabe que el Eterno se ocupa de él (versículo 5). Ni siquiera nuestra humildad o nuestra duda pueden convencernos que Dios no está allí para nosotros cuando nosotros necesitamos a Dios. Por el contrario: El destino de cada uno de nosotros está atado al Eterno y a Su incumbencia.

Este cambio, por más tentativo que pueda ser, permite al salmista percatarse que el dolor y el sufrimiento tienen múltiples mensajes. Hay algunos dolores, como aquél de dar a luz, que otorgan dones hasta ahora desconocidos (versículo 6) . ¿Cómo sabemos lo que reserva la vida? ¿Cómo sabemos qué significado puede traer el mañana? Como un bebé recién nacido, nuestras vidas pueden pronto volver a comenzar.

Hasta el punto en que yo tengo control sobre mis pensamientos, permítanme ilustrarlo de esta manera: como un nuevo y hermoso comienzo. Hay formas limitadas de responder al dolor. Como un rayón en una joya preciosa, yo podría estar tentado de verlo como mi perdición. Pero también puedo tratar de crear artísticamente una rosa de él, lo cual hará la joya más valiosa, más mía, investida de la totalidad de mi vida, el único todo que es mi patrimonio.

Con esta realineación, la posibilidad de una nueva orientación, David bendice al Señor (versículo 7). Desde el fondo de su ser, él sabe que los conflictos de conciencia, los sentimientos de falta de mérito que lo afligen de tiempo en tiempo, no cuentan toda la historia. Y Dios no desea que él se ahogue en su aflicción. Tanto más cuanto que es un sentimiento elevado, prístino y poderoso el saber en lo profundo que yo estoy tan cerca de Dios, tan cerca del propósito de Dios, del poder de Dios, y de la belleza de mi vida que es la forma en que Dios me ve, que yo puedo hacer lo que es mejor: bendecir al Señor. Yo puedo haberme sentido desolado y sin la capacidad de bendecir. Yo puedo haberme hallado más tentado de maldecir. Pero sintiendo a Dios cerca, yo estoy en condiciones de bendecir, incluso ahora en mi dolor.

No solamente eso. Yo siempre tendré al Señor delante de mí (versículo 8). Mi mente se concentra en muchas cosas, mis opb3ur miran en muchas direcciones. Y el resultado, en este momento, es la creación de dificultades. Porque lo que yo necesito es un claro sentido de Dios, yo usaré mi conciencia para recordarme a mí mismo sobre el Señor una y otra vez.

Qué recompensa final se obtiene, también. El Señor es precisamente la fuerza que necesito, el apoyo para mi débil energía, tanto espiritual como física. Por cierto, una vez que tenga esto estaré en condiciones de hacer frente. Y para mí, el hacer frente significa mucho. Significa no derrumbarme bajo el peso del dolor que soporto.

Entonces mi alma reposa. Hay una gloriosa alegría que yo siento brotar dentro de mí, dentro de mi mente, y, más profundo aún, dentro de mi ser (versículo 9). Ese punto en mí, que es mi centro, estuvo -por algún tiempo- confuso. Y ahora, el júbilo que yo siento se derrama dentro de mi cuerpo. Mi cuerpo es el que necesita tanta ayuda, y mi cuerpo es ayudado por Dios porque mi alma jubilosa le da la energía que le faltaba. Precisamente lo que necesito.

El salmista -y yo, el lector- podemos reafirmar que no es la muerte sino la vida la que Dios crea (versículo 10). Tengo tanto miedo a la muerte, tanto miedo de que Dios me deje solo, que mi cuerpo deba funcionar por sí mismo, solamente sujeto a sus leyes físicas y a aquellos que saben cómo asistirlo desde una perspectiva únicamente científica, entonces, podría desistir. Pero no lo hará, ya que Dios agrega esa pizca adicional de vida y de fuerza. Luego de toda esta agonía mental y física, es bueno saber que no estoy acabado, sino comenzando de nuevo.

Una oración (versículo 11): No he llegado al final de mi camino, sino que ahora estoy en uno de los desvíos de la vida. ¡Oh, aprender de cada recorrido! Y mejor aún, adquirir una comprensión profunda de Dios.

Qué bueno es estar seguro, tener un refugio de todo lo que me está agrediendo. El Señor es ese refugio. Su presencia es tan preciada. Yo soy débil y el Señor es fuerte. Y la fortaleza de Dios me asiste. Ahora estoy recuperado, humano, yo mismo. Preparado.

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