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Healing

Capitulo 2 de 10 salmos Tikun Haklali Salmo 32

SALMO 32

1. Salmo de David, de instrucción. Feliz es aquél cuyos errores han sido perdonados, y cubiertas sus transgresiones.

2. Feliz es aquél a quien Adonai no le atribuye falta, y en cuyo espíritu no hay engaño.

3. Mientras yo guardaba silencio, mis huesos se consumían con mi gemir todo el día.

4. Mientras pesaba, día y noche, Tu mano sobre mí, mi cuerpo perdía frescura como se seca el campo en los ardores del verano. Sela.

5. Te confesé sinceramente mi error, y no oculté mi desvío. Ni bien dije: declararé mis transgresiones a Adonai, Tú absolviste la iniquidad de mi conducta.

6. Por eso Te suplica todo el que te venera en la hora de la angustia. Y, aunque las aguas inmensas se desborden, a Él nunca llegarán.

7. Tú eres mi lugar de refugio; de la aflicción me guardarás, con cánticos de liberación me rodearás. Sela.

8. "Te instruiré y te enseñaré el camino a seguir; fijaré mis opb3ur en ti y seré tu consejero."

9. No seáis como un caballo, o como una mula, sin entendimiento, cuya boca debe ser sujetada con frenos y riendas, cuando no quieren acercarse a ti.

10. Muchas penurias les esperan a los malvados, pero al que confía en Adonai le rodea la misericordia.

11. ¡Alegraos junto a Adonai y regocijaos, oh justos, y cantad de gozo todos los rectos de corazón!

TEMEROSO, PERO NO SOLO
Meditación sobre el Salmo 32

Rabino Irving Greenberg

Este es un salmo de acción de gracias por el restablecimiento de una enfermedad.

Al comienzo, el paciente está en total aislamiento, atrapado en la enfermedad, sumido en sí mismo, consumiéndose. Solo, oprimido por la culpa pero sin atreverse a pronunciar su nombre, el salmista observa irremediablemente como la inexorable culpa implacablemente consume las reservas interiores del vigor -cuerpo y alma. Luego, en una desesperada propuesta de escapar del estrangulador puño de la muerte, el paciente resuelve confesar la culpa.

Es también posible que cuando cosas malas le ocurren a gente buena, la gente buena es demasiado rápida en culparse a sí misma. Ellos asumen que Dios quiere castigarlos. Si es éste nuestro caso, no cambia los hechos. Solamente significa que esta inocente persona se sometió al perdón de Dios (Dios benevolente; versículo 5).

La confesión fue el punto decisivo. Una vez que el paciente sacó a relucir la culpa -y la posibilidad de morir-, la verdad más profunda fue revelada. Ninguna culpa es tan grande como para agotar el infinito amor y perdón de Dios. Ahora, encarando a Dios directamente -enfocada en la Presencia Benevolente y no solamente en la finita, presunta culpa- la persona descubre un alivio sanador. Teniendo presente que Dios siempre está del lado de la vida, porque Dios es Aquél que desea la vida, la persona enferma siente un torrente de emociones: Esperanza, confianza, expectativa, alegría. Las palabras se precipitan: "¡Tú eres mi Refugio; Tú me proteges del dolor, de los enemigos; Tú me rodeas con la alegría de la liberación!" (versículo 7).

En este caso, la curación sucedió pronto. Ahora el paciente está en condiciones de mirar más allá del muro del desasosiego y el temor que ha rodeado el lecho de enfermo. El silencio se transforma en diálogo. Dios dice: "Yo te enseñaré la Sabiduría; Yo iluminaré el camino que debas tomar; Mi ojo te aconsejará y te guiará" (versículo 8).

Gozosamente, dejándose llevar por la oleada de plenitud y restauración, el paciente se dirige a todos aquéllos que lo escucharan. "Muchas son las penas de los perversos, pero el que cree en Adonai, será cubierto por la Jesed/Benevolencia" (versículo 10). Jubilosamente, la persona restablecida exclama: "¡Regocíjense en Adonai! ¡Alégrense, los justos! ¡Griten de alegría, todos aquéllos rectos de corazón!" (versículo 11).

¿Es éste, entonces, un salmo sólo para aquéllos que están curados? Quizá la alegría desenfrenada sólo pueda venir de alguien que ha sido sanado. Pero la verdad profunda de la experiencia puede también estar a disposición de personas totalmente inocentes que están enfermos no debido a una falta de ellos mismos. Puede incluso estar a disposición de aquél que no está curado aún; incluso de aquél que no será curado.

La verdad es: Si tú te estás hundiendo, si estás totalmente envuelto en tu propio temor y dolor, aun así es posible superarlo. La Presencia Benevolente de Dios te rodea siempre; Dios comparte tu dolor como sólo puede hacerlo una conciencia infinita. Hashem(*) siente tu dolor, besa compasivamente tu herida. El inmutable amor divino te envuelve aun si el ansiado milagro no viene.

El dolor puede oscurecer, pero no puede degradar tu aprecio hacia Hashem; el temor puede corroer, pero no anular la confianza de ser amado. Tú eres una imagen de Dios, de valor infinito, único, irremplazable. La cara de Dios está dirigida a ti, el ojo de Dios está sobre ti siempre. Si tú puedes resolverte a mirar, a sentir las lágrimas divinas de amor y compasión, tú sabrás que tú eres uno, pero no estás solo. Tú serás curado; y aun si no, tú serás amado.

Con esta verdad firmemente fijada en tu mente, puedes entonces entonar alegremente el canto de la existencia lograda. Pero aun si no ha sido salvado, aquél que confía en un Dios Benevolente está rodeado por un constante amor. Escucha. La voz habla. "No temas, porque Yo estoy contigo."

(*)Hashem, literalmente "El Nombre", es una alternativa respetuosa de Adonai, el apelativo frecuentemente empleado en la oración. Puede también ser algo más familiar, personal, incluso íntimo.

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