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Healing

Capitulo 4 de 10 salmos Tikun Haklali Salmo 42

SALMO 42

1. Para el director de canto. Poema.  De los hipb3ur de Kóraj.

2. Como el ciervo brama por las corrientes de agua, así anhela mi alma por Ti, Dios.

3. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente, ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?

4. Mis lágrimas han sido mi alimento día y noche, mientras me dicen todos los días: "¿Dónde está tu Dios?”

5. Cuando me acuerdo de esos días, se desgarra mi alma. Recuerdo cómo pasaba adelante de la muchedumbre, caminando con ellos a la Casa de Dios(*), con voces de alegría y alabanza.

6. ¿Por qué te deprimes y por qué gimes, oh alma mía? Ten esperanza en Dios, porque aún Le alabaré por Su manifiesta salvación.

7. Dios mío, tan deprimida está mi alma, cuando me acuerdo de Ti desde la Tierra del Jordán y el Monte Hermón y desde la colina de Mizar.

8. Un torrente llama a otro torrente al son de Tus cascadas. Todas Tus olas y Tus ondas se abaten sobre mí.

9. De día Adonai mandará Su bondad, y de noche    Su cántico estará conmigo, oración al Dios de mi vida.

10. Diré a Dios mi Roca: "¿Por qué Te has olvidado de mí? ¿Por qué voy afligido bajo la opresión del enemigo?"

11. Hasta quebrarme los huesos, mis enemigos se mofan de mí, diciéndome todo el día: "¿Dónde está tu Dios?"

12. ¿Por qué te deprimes y por qué gimes, oh alma mía? Ten esperanza en Dios, porque aún Le alabaré, fuente de constante salvación, y mi Dios.

(*)Se refiere a las Fiestas de Peregrinación hacia el antiguo Templo de Jerusalem.
 
LA FE EXTRAORDINARIA DE UN ALMA ABATIDA.
Introducción al Salmo 42

Rabino Charles Sheer

Hace probablemente treinta años, cuando -por primera vez- escuché a Rav pb3ureph B. Soloveitchik exponer sobre la frase inicial del salmo 42: "Como un ciervo llorando por manantiales, así clama mi alma por Ti, Oh Dios; mi alma tiene sed de Dios, del viviente El/Todopoderoso". Amante de la naturaleza desde mi juventud, fui inmediatamente atraído por la hermosa metáfora inicial del ciervo. Evoqué una imagen de un zanquilargo Bambi llevado por la sed a aproximarse al abrevadero. En mi imaginación, la creatura vulnerable, delicada, sacudía sus orejas nerviosamente, mirando de soslayo a su alrededor, a fin de asegurarse que ningún depredador estuviera acechando en la cercanía. Mientras yo apreciaba la naturaleza artificial de la metáfora introductoria, el Rav hablaba apasionadamente sobre el salmista, quien clama, con gran sed religiosa, por el Todopoderoso. "Mi alma tiene sed de Dios" era, de acuerdo al Rabino Soloveitchik, el estribillo del hombre solitario de fe que desea alcanzar el estado de intensa conciencia de Dios.

Escuchando los elocuentes y profundos pensamientos de mi maestro, me di cuenta, con algo de tristeza y desilusión, que yo no podía declarar honestamente que mi alma realmente "tenía sed" de Dios. A pesar de que yo estaba en camino a la fuente de agua y había experimentado algunos maravillosos momentos de inspiración, mi búsqueda religiosa no era tan inocente o focalizada como aquélla del ciervo guiado de nuestro salmo. Y desde aquel tiempo, el trayecto de mi fe ha acarreado digresiones y pausas, especialmente durante el período en que yo sufrí a través de la enfermedad y la pérdida de un ser querido.

Si las palabras iniciales del Salmo 42 retratan la búsqueda de una persona profundamente devota, como lo interpretó mi maestro, yo estoy convencido que ésta no es la expresión de una fe estática. El autor inmediatamente consigna que él está ahora en un lugar muy diferente con relación a Dios. En la línea siguiente, el autor habla de un sentido de abandono y enajenación cuando lamenta: "Oh, ¡cuándo llegaré a presentarme ante Dios! (versículo 3).

El salmista inicialmente declara que este sentimiento de distancia de Dios es el resultado de su exilio físico de la tierra. "En la tierra del río Jordán y de las cumbres del Monte Hermón" (versículo 7), él recuerda alegres celebraciones de peregrinación cuando él "caminaba con la multitud, moviéndose con ellos, el festivo tropel de gente, hacia la Casa de Dios, con alegres gritos de alabanza" (versículo 5). Ahora solamente puede atesorar la memoria de sus viajes espirituales hacia y dentro del Templo y su conciencia de la "proximidad" de Dios hacia él y Su pueblo.

Pensándolo bien, queda claro que el salmista está expresando no un exilio físico, sino un exilio existencial. Su sentimiento de abandono deriva de su sentimiento interior y de su mente, no de su localización. La descripción del salmista de sí mismo pinta un cuadro melancólico. "Mis lágrimas han sido mi alimento, día y noche; mis enemigos me vilipendiaron todo el día, preguntando: '¿Dónde está tu Dios?'” (versículo 4). Esta es la angustia de una persona verdaderamente religiosa cuyo rumbo está sembrado de desviaciones.

Todo aquél que ha tenido que superar un gran sufrimiento o pérdida, puede entender estas imágenes. En medio de nuestro dolor, la vida parece ser tan frágil como el ciervo. Nos sentimos absolutamente abandonados por Dios. Cuando hacemos frente a nuestra enfermedad o infortunio, perdemos nuestra esperanza y nuestro apetito de comida y bebida. Los rabinos, en un midrash de nuestro salmo, lo expresaban con tanta precisión: “De aquí tú aprendes que el dolor sacia al hombre y que él no necesita comer... y de aquí (tú aprendes que) llorar sacia, de aquí que dice, 'las lágrimas han sido mi alimento...'” (Midrash Shohar Tov).

En las siguientes líneas (versículos 8-12), a medida que el salmista desnuda más de su atormentada alma, él continúa usando el agua como la metáfora organizadora. Mientras que anteriormente el agua era descripta como un agente nutriente, ahora se vuelve una fuerza aterradora y destructiva. Una sólida colusión de corrientes de agua abruma: "Lo profundo llama lo profundo, los sonidos de las abiertas esclusas del cielo" de modo que "todas Tus rompientes y Tus oleadas me han arrasado" (versículo 8).

Yo recuerdo vívidamente mi sensación de impotencia cuando recibí oleada tras oleada de alarmante información sobre la condición de mi amada. Estábamos sumergidos en torrentes de horribles noticias. Permanecí desamparado en la embestida, sintiéndome frágil, asustado y abandonado, exactamente como el salmista.
    
En esta angustia, yo podía fácilmente unirme a nuestro salmista: "Yo digo al Todopoderoso, mi Amparo, '¿Por qué me has desamparado? ¿Por qué debo caminar en las oscuras tinieblas, oprimido por mis enemigos?' Rompiendo mis huesos, mis adversarios me injurian, vilipendiándome todo el día con '¿Dónde está tu Dios?'" (versículos 10-11). Durante mi período de tremenda pérdida, estas líneas expresaron mi voz interior con aterradora precisión.

Luego, inevitablemente, yo estaría enfrentado al último versículo del salmo. Breve, casi concisa, la fe firme resurge: "Ten esperanza en Dios; no obstante yo Lo voy a alabar, mi omnipresente Ayuda, mi Dios" (versículo 12).

¡Qué final tan inesperado! ¿Cómo el salmista fue capaz de oscilar de un dudoso "¿Dónde está tu Dios?" a esta declaración de fe en "mi omnipresente Ayuda, mi Dios"? ¡Qué resolución increíble!

Este salmo puede aludir a la única posible respuesta que podemos dar al agobiante dolor y pérdida. El salmista se pregunta: "¿Por qué tan abatida, mi alma? ¿Por qué tan intranquila dentro mío?". Su respuesta es aleccionadora. Habiendo vaciado su corazón, él no niega la realidad de su dolor ni presenta simples devociones para explicar el designio de Dios. En su lugar, de cara a la adversidad, él presenta una respuesta humana más que una réplica.

El salmista emplea dos palabras en el texto que conectan la fe de su pasado con la esperanza por su futuro. En esta concluyente declaración de fe, él dice: ki od - "no obstante". Esta terminología sugiere que, en el futuro indefinido, el exilio va a terminar. A pesar de que la realidad presente parece excluir toda esperanza razonable, él se recuerda a sí mismo que deben haber no obstante otras opciones: "No obstante yo Lo voy a alabar".

El vislumbrar un futuro más tranquilizador es posible por el poder del recuerdo de un alegre pasado. La palabra "alabar" aparece en este último versículo -"No obstante yo Lo voy a alabar"-, y también apareció antes en el versículo 5, donde el autor disfrutó su recuerdo de celebraciones en "la Casa de Dios con alegres gritos de alabanza". Al comienzo de este salmo, esta palabra funcionaba como un recordatorio de la anterior relación del autor con Dios, la que desea recordar a pesar de su condición exiliada. Al repetir aquella imagen al final del salmo, el autor evoca esta relación anterior y comprende que él aún puede tener estos sentimientos en el futuro.

Podemos estar tan abrumados por una realidad actual que parecemos carecer de la fuerza para continuar viviendo. Es precisamente en esos momentos que nuestro recuerdo de pasados momentos de conexión, amor, cuidado, cercanía y júbilo deben ser invocados, no negados. Ante la abrumadora pérdida y el temor por nuestro futuro, debemos acudir a esas imágenes de nuestro pasado que nos dan las amarras para encarar el futuro. Al invocar el recuerdo de momentos pasados de divina alabanza, podemos "no obstante" satisfacer nuestra sed.

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