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Nuestro Judaísmo

Los Princpios vs. la Gente

Pregunta: Hay tantos rituales y leyes en el judaísmo. ¿Cómo puedo impedir el sentirme como si toda mi vida religiosa girara solamente alrededor de repetir un antiguo ritual?
El campeón de ajedrez que reinó por más tiempo en la historia fue un judío alemán, hijo de un cantor y nieto de un rabino. Era amigo de Einstein y autor de libros de matemática y filosofía. Su nombre era Emanuel Lasker.

Contrariamente a nuestra imagen mental usual, el ajedrez es un juego para gente joven; requiere gran energía estar sentado cinco horas de un tirón sin perder la concentración—es como tomar un largo examen final durante el cual la distracción de un segundo significa perder todo. Sin embargo Lasker tuvo el titulo por 27 años. A los 60 largos era un adversario temido en el tablero de ajedrez.

¿Cuál era su secreto? Lasker era famoso por jugar con el hombre no con el tablero. Si su adversario odiaba la defensa, Lasker lanzaba un ataque aún si no era la estrategia más sólida. Lasker creía que no importaba cuan impersonal pueda parecer el ajedrez, uno está sentado frente a un ser humano, con virtudes y defectos humanos.

Fue el hombre de más edad que jamás ganara un torneo importante, porque era lo bastante inteligente y astuto como para compensar por cualquier pérdida de agudeza en el torneo con mayor sabiduría acerca de la naturaleza humana.
Aún cuando disminuyó su resistencia, Lasker siguió siendo un psicólogo consumado.

Lo opuesto a Lasker en esto es Bobby Fischer. Fischer ignoraba a su adversario. Una vez dijo, “No creo en la psicología. Creo en buenas jugadas.” La forma de jugar de Fischer era de una simpleza directa. Un famoso gran maestro dijo una vez de Fischer que “juega como un niño.” Esto no lo dijo como un menosprecio hacia su forma de jugar, pero sus movimientos eran de una sencillez que era casi imposible de desbaratar o de confundir. Las cosas eran blancas o negras, verdad o mentira, la mejor jugada o no.

Fischer jugaba de acuerdo a principios Lasker de acuerdo a personas.

¿Cuál es el resultado? En última instancia, Fischer fue el mejor jugador de ajedrez; se podría argumentar (y a los jugadores de ajedrez les encanta enfrascarse en argumentos sobre esto) que fue el más grande que jamás existió. Pero Lasker fue un ser humano mucho más exitoso, vivió una larga vida rodeado de su familia y buenos amigos. Fischer se convirtió en un maníaco antisemita y sufrió de una extraña paranoia, y nadie que haya seguido su carrera se sorprenderá mucho ante esto. Porque Fischer nunca pudo ver más allá de los peones y los principios y ver a personas.

Esta misma distinción existe en todas las áreas de la vida. Los principios son centrales para la vida. Sin “deberás” y “no deberás” el mundo se iría a pique. Una gran parte de la vida, y del judaísmo, se centra alrededor de los principios.

Sin embargo el que vive sólo por los principios puede tornarse un monstruo. El Talmud se burla de un Jasid Shote—una persona piadosa tonta, que vive sólo de principios abstractos. Una persona de este tipo, nos enseña el Talmud, no salvará a una mujer que se está ahogando porque está desnuda, y no debe tocarla. El principio es más importante que la situación humana.

La compasión, las circunstancias individuales y la unicidad no pueden ser comprimidas en un principio. “Se debe ser flexible como el junco y no rígido como el cedro,” nos enseña el Talmud, educándonos a comprender que la vida no siempre permitirá la rigidez.

Gran parte de la vida debe ser conducida de acuerdo a principios, a categorías. Joven, viejo, estudiante, profesor, esposo, esposa; pero al mismo tiempo que usamos estas categorías, tenemos que reconocer que son inadecuadas. Debajo de todas ellas hay una persona.

La mitología griega nos ha dejada una imagen gráfica de la cama de Procrustes. Procrustes necesitaba adaptar a todos a una cama de ciertas dimensiones, de modo que simplemente rebanaba las partes que de modo inconveniente sobresalían del lecho. A veces los principios hacen lo mismo: amputan lo único, lo diferente, lo que sobresale en cada personalidad y que nos dice que cada chispa de Dios que se manifiesta en un ser humano es diferente, y suya propia.

En un mundo donde la ideología es como el lecho de Procrustes, vemos a miles de Bobby Fischer políticos, gente cuyo compromiso con lo abstracto los ciega al ser humano del otro lado. Las ideas son poderosas para motivar a la gente hacia la bondad, pero pueden convertirse en carceleras, si las antiguas doctrinas religiosas se vuelven más importantes que las demandas esenciales de la humanidad.

Hace muchos años, el difunto poeta israelí Iehuda Amijai estaba caminando con una canasta de frutas y verduras debajo de la Ciudadela de David en la Ciudad Vieja de Jerusalem. Un guía de excursión lo señaló, y explicó a su grupo de turistas: “¿Ven a ese hombre ahí? Bueno, un poquito hacia arriba y a la derecha está la Ciudadela de David.”

Amijai pensó para si, “La redención vendrá el día que el guía diga ¿‘Ven la Ciudadela de David?’ Bueno, eso no es importante, pero hacia abajo y un poquito a la izquierda, hay un hombre con una canasta de frutas y verduras que está volviendo a casa donde está su familia esperándolo.”

¿Es esto la ensoñación de un poeta? Quizás. Pero la semilla de verdad permanece. Esto no quiere decir que los sitios antiguos y la ideología no significan nada—somos un pueblo demasiado viejo y empapado de tradición para hacer una afirmación de esta clase. Pero el corazón latiente de la tradición es la gente que la vive. Si nos cegamos a la gente, las reglas nos aplastarán.

RABINO DAVID WOLPE

Fuente: www.beliefnet.com Judaism: Columnists: Ask the Rabbi

PREGUNTAS PARA DISCUTIR
1-En tu opinión ¿cuál es la forma de respetar las tradiciones sin que éstas aplasten a la gente?
2-¿Hay alguna ocasión en que la tradición sea más importante que las personas?
3-¿Cómo podemos respetar a la tradición y a la gente al mismo tiempo?

Traducido y adaptado por ¨Ría Okret

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