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Mujer y Judaísmo

Hablemos de Rabinas



22 de mayo, 2012
Sivan 1, 5772

Les pedí a dos de las mujeres que habían sido ordenadas por The Rabbinical School of The Jewish Thelogical Seminary este año que reflexionaran acerca de sus esperanzas y aspiraciones para – y ansiedades acerca de – su nueva carrera en el rabinato, y como sus metas y emociones se veían afectadas, desde su punto de vista, por ser mujeres en un campo todavía dominado por hombres. La respuesta que sigue es de la Rabina Abbi Sharofsky (RS ’12), quien estará sirviendo el año que viene como capellán residente en Sistema de Salud Portuaria de Nueva York y completando su residencia en Educación Clínica Pastoral.

Arnie Eisen

Estimado Chancellor Eisen.

Ud. Preguntó si el rol de una rabina recién ordenada que entra al mundo de trabajo es distingo para una mujer que para un hombre. Desearía decirle que no. Desearía ser considerada simplemente “rabbi” y no “woman rabbi” como si poner mi género delante de mi título explica todo acerca de quien soy y la Torá que enseño. Desearía no tener que prepara las respuestas para preguntas acerca de cómo voy a hacer para atender a mi familia y a mi trabajo o preocuparme que alguna alhaja específica que use cause que la gente no me considere seria acerca de mi trabajo. ¿Peo deseo ser la misma clase de rabino que mis colegas masculinos? La respuesta a eso es también no, porque no quiero ser el mismo rabino o asumir el mismo rol que no sea el mío propio.

Cada rabino es diferente y no sólo en cuando a género. Dos hombres compitiendo por el mismo puesto de rabino traerán a la entrevista muy distintas experiencias de vida, habilidades y comprensión de Torá. No deberíamos abrigar la idea de que el rol de rabino es igual para hombres y mujeres, porque el rol del rabino es único para cada rabino. El proceso de encontrar trabajo es realmente un shidaj entre un rabino y una comunidad que están hechos el uno para el otro. Si el rabino es el adecuado para la comunidad, el género, la sexualidad, estatus familiar etc. no importan. La comunidad – sea una congregación, colegio, hospital o organización – valorará a ese rabino por quién él o ella es, no por el rol que se espera cumpla el rabino según un paradigma de larga data de lo que un rabino debería ser.

Desearía poder decir que cada rabino es tratado igualmente, respetado y valorado por todo lo que trae a su campo de actividad. Sin embargo, las mujeres todavía están en desventaja en este momento. Debido a la relativamente corta historia de mujeres siendo ordenadas rabinas in el Movimiento Masortí/Conservador y el limitado acceso que las mujeres han tenido a algunos de los puestos principales en nuestras comunidades, el rol de las mujeres en el rabinato no es igual al de los hombres. Es diferente porque todavía necesitamos librar batallas interiores acerca de si oficiamos o no en conversiones y otras situaciones legales. Es diferente porque sabemos que aunque nuestras comunidades nos aceptan, nos quieren y nos dan un profundo respeto, ni siquiera somos contadas en un minián si nos aventuramos a entrar a comunidades más religiosas y mucho menos otorgadas autoridad rabínica. El rol de las mujeres en el rabinato está formado por estas fuerzas externas. Ojala cambiara.

Abby Sharofsy

Estimada Rabina Sharofsky:

Gracias por su sincera respuesta a mi pregunta. Claramente tenemos un largo camino por recorrer en cuanto a la aceptación de las rabinas en el Movimiento Masortí/Conservador (y más allá del movimiento) y llegar al real aprecio del conjunto de habilidades distinto y característico que las mujeres traen al rabinato. Personalmente creo que el género importa muchísimo cuando se trata de las habilidades. Sin que lo primordial sea el género – es decir, si asumimos que “todos los hombres” comparten atributos A, B y C, y “todas las mujeres” comparten los atributos X, Y, Z – diría basándome en mis observaciones que las rabinas como un grupo traen algunas diferentes experiencias, sensibilidades y preocupaciones a sus rabinatos. Esto es como debería ser. Una pregunta es como pueden nuestras comunidades sacar el mejor provecho de las oportunidades que brinda el liderazgo femenino.
 
 Mi colega en JTS, Profesora Emerita de Literatura Judía Anne Lapidus Lerner, señala una de estas oportunidades en “The Impact of Feminismo on Conservative/Masorti Synagogues,” el ensayo que escribió para la antología del 2008 por Elyse Goldstein y Anita Diamant, New Jewish Feminism: Probing the Past, Forging the Future: “La importancia del clero femenino como un modelo accesible a mujeres y niñas en las congregaciones no puede ser sobrestimado.”

Steven M. Cohen y yo descubrimos durante el curso de nuestra investigación para nuestro libro, The Jew Within Self, Family and Community in Amercia, que los modelos hacen una tremenda diferencia en la elección de (o en contra de la elección) de un compromiso judío sustantivo. Yo me convertí en Chancellor de JTS en parte porque varias de las influencias más importantes en mi formación judía fueron rabinos Conservadores/Masortí de género masculino que me enseñaron y fueron mis mentores cuando era adolescente. Muchas de las influencias en mi manera de pensar acerca de rabinos, sinagogas y Torá han sido recibidas de mujeres, rabinas y académicas que he tenido el privilegio de conocer y llamar amigos ya siendo adulto. Estos hombres y mujeres, no hablaban, ni enseñaban ni actuaban principalmente como hombres o mujeres – no estoy seguro que sé lo que eso quiere decir – pero tampoco era accidental su género en la formación de su persona y la influencia que ejercían.

No veo como podría ser de otra manera y no quisiera que lo fuera. El judaísmo está tan profundamente en nosotros como es posible. La Torá es vivida con el corazón, el alma y la mente. Dios es concebido, encontrado y servido con todo lo que somos, hipb3ur o hijas, madres o padres, amigos o amigas de otros hombres o mujeres, esposos, o esposas, y sí, también como beneficiarios de los prejuicios de género en nuestros lugares de trabajo, o víctimas de ese prejuicio, somos objeto, en la bimá a diferentes transferencias de los miembros de Kehilá; maestros o consejeros o líderes debido al género, entre otras cosas.

Un ensayo que me ha influenciado mucho, “Scholarship as a Vocation,” de Max Weber, recomienda que empecemos a pensar sobre cualquier vocación desde afuera, es decir, que empecemos con lo que él llamó las partes “externas” de cómo uno se gana la vida y avanvance en cada profesión y recién después ae fije en cuestiones de significado. Aprecio el que haya contestado mi pregunta sobre los problemas “externos” a los que las rabinas se enfrentan, Abbi, y también apreció tu deseo que estas cuestiones externas en particular ya no fueran tan significativas como para ser dignas de discutir. Espero que las recompensas que recibas compensen los obstáculos que encuentras en el camino.

Arnie Eisen

Lo que sigue es la respuesta de la Rabina Annie Lewis (RS 12) que servirá como la nueva rabina asistente en el Centro Judío Germantown de
Filadelfia.

Estimado Chancellor Eisen:

Gracias por sus pensamientos sobre las perspectivas diferentes que las mujeres traen al rabinato. Me alegra ser parte de esta conversación con Ud. y Abbi. Cuando encuentro textos sagrados escritos por hombres a través de mi experiencia como mujer, los leo con una disposición de cuestionar y una sed por imaginar todas las historias que podrían aparecer de los silencios. Mi oído está afinado a las voces en los márgenes, a las verdades enterradas bajo la superficie, y al poder de las palabras sagradas de herir y de sanar. De este modo mi género estimula y hace más viva la forma en que estudio y transmito la Torá.

En la cúspide de la ordenación, sentí una inmensa gratitud por el sentimiento de conexión con una comunidad de mujeres que abarca al tiempo y al espacio. En el Tekes Hamaja, usé un collar de perlas que perteneció a mi abuela Ann, en honor a quien llevo mi nombre. Era un miembro activo de su sinagoga en la pequeñita ciudad de Hamilton, Ohio. Le importaba apasionadamente la continuidad judía y la prosperidad de su congregación. Murió en 1964 y nunca conoció a una rabina en toda su vida, pero no tengo dudas que le hubiera gustado la forma en que las cosas han cambiado. Mientras atravesé el escenario, pensé en las mujeres de Ezrat Nashim que levantaron sus voces en la Convención de la Asamblea Rabínica en 1972, abogando por una participación completa e igual de las mujeres en la vida ritual y en el liderazgo del Movimiento Masortí /Conservador.

Estoy agradecida por el coraje de las mujeres y hombres que defendieron la inclusión de mujeres en el liderazgo rabínico, que lucharon con la tradición y encontraron aperturas para cambio. Siento un tremendo sentido de responsabilidad al continuar con su legado, al continuar luchando por instituciones más justas e igualitarias durante mi rabinato, tanto en cuestiones de la vida ritual y también en cuestiones “externas” de cómo los rabinos se ganan la vida y la forma en que podemos mantenernos y a nuestras familias. Como rabina, bendecida por ser una judía en Norteamérica en 2012, me siento llamada a continuar trabajando por un Movimiento que es totalmente inclusivo – tanto para orientaciones sexuales diferentes como para identidades de género:
 
Ahora que tengo el titulo de “Rabina,” rezo que el augurio de nuestra clase, con sus voces y visiones diferentes, continuará entretejiendo un tapiz de relaciones profundas y de respaldo mutuo, que diremos nuestras verdades con confianza, que tendremos grandes sueños.

Bibrajá
Annie Lewis
Fuente: www.jtsa.edu
Traducido por Ría Okret con autorización del Jewish Theological Seminary of New York

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