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Mujer y Judaísmo

Por qué Soy una Judía Masortí/Conservadora

por Ilana Goldhaber-Gordon

Los hombres estaban marchando alrededor de la habitación del minián ortodoxo de Hillel, sacudiendo sus lulavim y exclamando “¡Hoshana!” ¡Sálvanos!

Era mi segundo año en la universidad, y mi amiga Wendy y yo concurríamos regularmente al minián. Pero en esta mañana de Sucot, a pesar que ella y yo rezábamos tan alto como siempre, estábamos conscientes de la cortina de tres metros que nos separaba del círculo de los hombres que marchaban. Wendy me miró y me dijo, “Me siento como si estuviéramos de vuelta en la escuela en el recreo y los varones no dejaban jugar a algunos de los chicos y chicas.”

Wendy tenía razón, y ella y yo organizamos un grupo de oración de mujeres. Era un grupo ortodoxo, y nos censurábamos de acuerdo a la halajá ortodoxa. Sin kadish, sin kedushá, - ni siquiera mil altos y sopranos podían suministrar a Dios bastante gloria para justificar estas oraciones. Tiene que tener diez bapb3ur, barítonos o tenores.

Estaba tratando de flexionarme sin romperme, y el grupo de oración de mujeres era un buen estiramiento. Hasta la censura me hacía sentir bien, me hacías sentir devota. Pero había otras cosas que me estaban bajoneando. Todas las mañanas recitaba el tradicional consuelo de las mujeres, “Bendito seas, Dios, por haberme hecho de acuerdo a Tu voluntad,” mientras que mis amigos hombres bendecían a Dios “por no haberme hecho mujer.” ¿Cómo se puede ser flexible y no romperse con una bendición como esa?

Cuando mis compañeras comenzaron a casarse, vi rigidez en áreas más importantes que las bendiciones y la oración. Leyes rígidas acerca del contacto entre los sexos, leyes rígidas acerca de la procreación, que están diseñadas para dirigir a los jóvenes hacia un estilo de vida. Esa vida tiene una belleza singular, y para muchos es especialmente satisfactoria, pero no es adecuada para todos. Peor aún, algunas de mis amigas se encontraron casadas con el hombre equivocado, con más hipb3ur de los que podían manejar y sin ningún medio para mantenerse.

No podía ser lo bastante flexible para adecuarme a esta vida. Necesitaba romper algunas de estas reglas. Y no podía justificar las consecuencias para algunas de mis amigas, que tampoco eran aptas para esta vida pero se sentían obligadas a tratar de adecuarse.

Comencé a preguntarme – si la Torá se equivocó en cuestiones de género ¿en que más se equivocó la Torá? ¿Por qué no podía cargar cosas en Shabat, si eso hace el día más fácil y menos complicado? ¿Por qué no podía comer en restaurantes no-kasher si eso hacia la vida más fácil y me causaba placer? Y pronto así lo hice.

Cuando comencé a romper reglas, perdí algo precioso. Perdí mi devoción y mi estructura. Perdí mi sentimiento de cumplir con mandamientos, mi sentido de un propósito como sirviente de Dios. Las mitzvot tienen algo de sagrado y transforman los actos diarios en una conexión con lo divino. Yo quería esa santidad de vuelta ¿pero cómo?

El Judaísmo Masortí/Conservador me retornó al árbol viviente, al etz jaim. Todo lo que necesité fue un cambio de punto de vista. Necesitaba ver que a pesar que el árbol está conectado a Dios, quizás inspirado por Dios, no es Dios. Ahora sé que si tuerzo o hasta rompo un pedazo de Torá, esto no romperá mi relación con Dios. Mi amor por el árbol es sólido y para mí personalmente, podar es a veces necesario para el crecimiento. Hace poco le pregunté a un maestro ortodoxo cómo explicaba la bendición ofensiva, esa acerca de no hacerme mujer. Su respuesta hubiera tenido sentido para mí hace 15 años, cuando todavía creía que cada pedazo de tradición debía ser justificado y bueno. Me dijo que estaba agradecido porque no tenía que soportar el dolor de dar a luz. Con esto les enseña a las niñas a odiar a sus cuerpos, a temerle al parto. Pero en realidad ¿qué podía decir? Algunas cosas – como esa bendición – no pueden ser justificadas.

Cuando nos liberamos de las justificaciones se abre algo hermoso. Ahora tengo el espacio de mirar al árbol desde nuevas perspectivas. Estoy rezando otra vez todos los días, pero con un talit como un abrazo sagrado palpable alrededor de mis hombros. E incluyo una oración innovadora: Brujá she amrá vehaiá olam. Bendice la voz femenina de Dios, cuyas dulces notas altas fueron las palabras que crearon al mundo.

La Dra. Ilana Goldhaber-Gordon es la autora de Thinking Biochemistry: Biochemical Approaches to Biological Problems (University Science Books) (Pensando la Bioquímica; Enfoques Bioquímicos de los Problemas Biológicos. También enseña en la Congregación Kol Emeth en Palo Alto, California.

Fuente: www.uscj.org/Why_I_Am_A_Conservat7414.html

Traducido por Ría Okret

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