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Mujer y Judaísmo

La Sara Bíblica Asusta a los Hombres

Por Tsafi Saar

Cuando Rajel Adler tenía 19 años, su abuela murió y como no tenía ningún hijo, quiso decir Kadish por ella.

“Se me dijo que no podía, pero podía pagarle un montón de dinero, que no tenía, a un extraño para que dijera Kadish por ella, y eso me radicalizó,” dice la famosa teóloga feminista. “No tenía sentido. ¿Por qué preferiría Dios oír a un extraño a quine se le pagaba por hacerlo que a la propia doliente?”

Ese fue el primer paso en el camino pionero de una teóloga que se ocupa de textos judíos fundamentales desde un punto de vista feminista. Su libro “Feminismo Iehudi” será publicado en breve en hebreo, como parte de la serie Iahadut Kan Veajschav, publicada por

Iediot Ahronot, Sifrei Hemd, y traducido por Ruth Blue. Fue publicado hace 10 años como “Engendering Judaism” (Engendrando Judaísmo) y es considerado revolucionario.

Adler, de 65 años de edad, presenta una lectura subversiva y sofisticada de textos judíos. Va más allá de la lectura feminista originaria, que se centraba en denunciar el dominio institucionalizado de los hombres, y propone perspectivas nuevas y sorprendentes para comprenderlos. Un ejemplo es como trata la sexualidad de la anciana Sara. Cuando Sara se entera que está embarazada a una edad avanzada, la Biblia nos dice que se ríe, lo que enoja a Dios. Adler señala que la raíz de la palabra hebrea para risa (tzadik, jet, kuf) también tiene un significado sexual en la Biblia, y llega a la conclusión que la risa de Sara está conectada con su renovado disfrute de la sexualidad. “Eso es lo que asusta a los hombres que leen esa historia,” dice la especialista en Talmud Ruhama Weiss, que editó la versión hebrea del libro de Adler.

La tradición, dice Adler, no es estática: “Una tradición no es un objeto. Una tradición es una conversación que fluye. Cambia su curso cuando entran voces nuevas. Durante los últimos 30 años, las voces de mujeres se han unido a la conversación con la tradición judía, trayendo consigo sus experiencias y perspectivas propias de su género.”

Debemos preguntarnos, dice, como darle forma a un judaísmo que sea equitativo en términos del Siglo XXI en un mundo donde las mujeres tienen una igual participación en la población activa y tienen influencia en la política y en su formulación. “¿Cómo haremos como hombres y mujeres judíos juntos para leer y comprender nuestros textos, rezar, hacer leyes, y relacionarnos?”

Hasta ahora, dice Adler en una entrevista por e-mail, la tradición judía ha existido siempre en contextos sociales que eran patriarcales. Sin embargo, no creo que el patriarcado sea esencial para la tradición judía. Creo que el judaísmo puede florecer en una sociedad donde los hombres y las mujeres son iguales.”

Con un espíritu similar, propone en su libro establecer un “brit ahuvim” (un pacto de amantes) “Espero que (la gente) considere al brit ahuvim como una forma de contraer un matrimonio igualitario,” dice, que “podría existir como una alternativa a kidushin” – el rito de bendiciones tradicional judío.

En el apasionante análisis del matrimonio judío tradicional, el matrimonio es un trato en el que la mujer es adquirida, y al cual, a través de los siglos, se le agregaron muchas complejidades. Nos muestra que hubo períodos en la historia judía durante los cuales las parejas vivían juntas sin casarse. Esto surge, por ejemplo, del documento de una mujer que vivió en la época de la rebelión de Bar Kojba.

Antiguos escritos de la Tierra de Israel indican que el estatus de las mujeres era sólo ligeramente inferior al de sus maridos. Por ejemplo, cualquiera de los dos podía iniciar un divorcio. Fueron las luchas entre las diferentes escuelas rabínicas a través de los siglos que condujeron a la creación de la tradición discriminatoria que conocemos, dice Adler.

En parte fueron estos antecedentes que condujeron a Adler a presentar su propuesta de un pacto entre dos personas que se aman, como el pacto de Dios y el pueblo de Israel, un pacto de promesas y exclusividad, escribe. Las relaciones delineadas por este pacto son relaciones prolongadas y son uniones monógamas, sean entre heterosexuales u homosexuales. Agrega, en la entrevista, “En los Estados Unidos, oigo a menudo de parejas tanto heterosexuales como homosexuales que se han casado con un brit ahuvim. Un popular libro de bodas judías lo ha incluido como una alternativa, y algunas parejas se lo llevan a sus rabinos y les dicen, “Esto es lo que queremos.” No hay ninguna razón, dice, para que una pareja que quiere casarse tenga que aceptar ceremonias que van en contra de sus valores. “La experiencia de contraer matrimonio no debería conllevar el asentimiento pasivo a valores que la pareja rechaza,” dice Adler.

En el brit ahuvim explica, “los hombres y las mujeres adquieren una sociedad que cualquiera de los socios puede disolver. No se requiere un guet [decreto de divorcio judío]. Un beit din [corte rabínica] compuesta por tres judíos eruditos certificaría simplemente que el brit ahuvim fue terminado. Esto podría hacer una gran diferencia a las mujeres a las que actualmente se les puede hacer pagar una gran suma de dinero por un guet, o a las que se las puede hacer esperar por largos períodos o que no pueden conseguir un divorcio religioso en absoluto. Es una propuesta que podría ayudar a la creciente separación en el pueblo de Israel.

Esto es especialmente cierto en Israel, donde no hay alternativa a la ceremonia de casamiento tradicional judía y donde unas cuantas poblaciones sufren dificultades por este tema.

La sociedad israelí y sus instituciones necesitarán bastante tiempo para aceptar las ideas de Adler. Su libro en inglés fue publicado en EE.UU. el mismo año en que la organización feminista Kolej fue fundada en Israel. El hecho que el libro se publique una década más tarde en hebreo, no es un ejemplo de la tendencia israelí de adoptar costumbres norteamericanas sino más bien refleja las profundas diferencias entre la naturaleza del judaísmo aquí y allí.

¿Quién es esta mujer que se atrevió a entrar al sancto sanctorum de los dictámenes religiosos y hacer propuestas que en Israel suenan revolucionarias? Adler es profesora de Pensamiento Judío Moderno y Estudios Feministas en Hebrew Union Collage en el campus de Los Angeles. Nació en una familia reformista.

“Soy judía reformista de quinta generación y natural de Chicago de cuarta generación,” dice. “Me convertí en una baalat teshuvá [regresar a la respuesta o a la ortodoxia] como adolescente y viví una vida ortodoxa alrededor de 20 años,” agrega. “Ahora, en broma me llamo una baalat teshuvá ida y vuelta. Pero uno nunca regresa igual como era. Teológicamente soy reformista pero al igual que muchos judíos reformistas cultos, mantengo una casa kasher. Respeto el Shabat y los días sagrados. Estudio, Rezo. Y trato de responder a la pobreza y a la injusticia con tzedaká y jesed [bondad]. Mi hijo Amitai es un estudiante rabínico de cuarto año en la American Jewish University, el seminario rabínico masortí de California. Se va a casar con una rabina reformista. Son una familia pluralista.”

Adler continúa: “Realmente no puedo precisar un momento definitivo en que me convertí en feminista. Creo que siempre lo fui…tuve la suerte que se me permitió estudiar Talmud. Pero pensé largamente sobre textos en los cuales yo era un objeto, no un sujeto y acerca de leyes que eran obligatorias para las mujeres pero las mujeres no habían ayudado a formular. De todos modos, agrega, “ser una judía comprometida y ser feminista no es contradictorio. No puedo mantener mi integridad intelectual o espiritual sin ser ambas cosas, así que tengo que construirme una teoría del judaísmo en la que puedan coexistir las dos cosas.”

¿Por qué dejó la ortodoxia?” “Deje la ortodoxia por varios motivos,” dice Adler. “En primer lugar, no creo en una revelación no relacionada con la historia. Creo que Dios se nos revela progresivamente y siempre dentro de contextos históricos. En segundo lugar, para mis estudios pos grado en literatura, aprendí sobre redacción y recensión de manuscritos y ya no puedo ignorar las señales de múltiples tradiciones unidas en la Torá como llegó a nosotros. En tercer lugar, vi como los rabinos manipularon la halajá para mantener su propio poder y privar de poder a las mujeres, y decidí que mi vida era demasiado corta para esperar que corrieran los riesgos legales necesarios para hacer cambios.”

Adler dice que su intención no es culpar o destruir. Dice que los textos sagrados son inagotables. “Se puede volver a leerlos una y otra vez y siempre aprehendemos cosas nuevas.”

Estas aprehensiones no son aceptables de ningún modo para la corriente conservadora del judaísmo, casi todos hombres, dice Weiss. “Una vez en un seminario en la Universidad Hebrea, alguien trajo una cita del libro de Adler, y el director de uno de los departamentos, un importante académico, la atacó personalmente y hablo de su estatus personal y familiar.” Weiss agrega: “Y es considerado una persona progresista.”

Es usual atacar el útero y los ovarios de las feministas cuando no hay una forma mejor de responder, dice Weiss. “Los académicos conservadores en el campo de los estudios judaicos en Israel ignoran a Adler,” dice.

“En los Estados Unidos todo es más abierto y le han sido otorgados premios a su libro. El problema es que es muy difícil contradecir lo que afirma. Adler es una estudiosa seria del Talmud y es muy entendida en investigación judía y en feminismo. Y ha hecho cosas que no han sido hechas nunca antes,” dice Weiss.

“Ataca al mundo de la investigación talmúdica desde dos puntas, desde el punto de vista de la investigación y desde el punto de vista de la vida misma, como es una práctica aceptada en el feminismo. Socava la exclusividad de los hombres en el estudio de la halajá. Sin decir que lo está haciendo, se ha convertido en alguna clase de árbitro halájico.

Fuente: www.haaretz.com

Traducido por Ría Okret

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