Montevideo - Uruguay - Teléfono: (+598) 2709 0709

Healing

Capitulo 3 de 10 salmos Tikun Haklali Salmo 41

SALMO 41

1. Para el director de canto. Salmo de David.

2. Feliz es el que considera a los necesitados; Adonai le librará en el día de la calamidad.

3. Adonai le guardará y le dará vida y dicha en la tierra, y no le entregará a merced de sus enemigos.

4. Adonai le sustentará sobre su lecho de dolor y le reanimará en su postración.

5. En cuanto a mí, dije: "Adonai, Sé misericordioso conmigo, sana mi alma, porque te he contrariado.

6. Mis enemigos dicen con malicia de mí: "¿Cuándo morirá y desaparecerá su nombre?"

7. Aun cuando alguien viene a verme, habla cosas vanas, su corazón recoge pensamientos maliciosos; al salir afuera, los divulga.

8. Todos los que me odian susurran juntos contra mí, maquinando mi perjuicio, diciendo:

9. "La peste se le ha pegado, y el que cayó en cama no volverá a levantarse."

10. Aun mi propio amigo íntimo, en quien yo confiaba, el que comía de mi pan, me ha pisoteado.

11. Pero Tú, oh Adonai, sé misericordioso conmigo y levántame, y les daré su merecido.

12. Por esto sabré que Tú me aceptas, que mi enemigo no triunfará sobre mí.

13. Tú me sostendrás por causa de mi integridad, y me admitirás delante de Ti para siempre.

14. Bendito sea Adonai, Dios de Israel, por los siglos de los siglos - Amén y Amén.
 
DE LA IRA Y LA ANGUSTIA A LA SANACION Y LA PLENITUD
Introducción al Salmo 41

Rabina Rachel Cowan

Mientras luchamos para llegar a un equilibrio con la enfermedad, oímos nuestras propias voces en esta meditación sobre el sufrimiento. La lucha del alma de la salmista nos habla poderosamente. Agobiada por el asedio del miedo, de la ira, y del dolor, ella se pregunta dónde encontrará la fortaleza y el coraje para enfrentar su situación. Compenetrándonos con su angustia, vemos, no obstante, que ella solamente ha comenzado el largo viaje hacia la comprensión de su situación y a trascenderla. En este instante, la fe que ella mantiene tan valientemente al final, está hueca. Ella está sola. Muchos de nosotros conocemos ese dolor.

Acostada en la cama luego del diagnóstico, confundida por las aturdidoras alternativas de tratamientos, débil y exhausta, ella se formula la inevitable pregunta: "¿Por qué yo?". Ella era alguien que siempre "ayudaba al necesitado" (versículo 2), y, en general, era "considerada afortunada en esta tierra" (versículo 3).

Ella es su propio primer blanco (versículo 5): "Adonai, ten piedad. ¡Sana mi alma, porque yo he pecado contra ti!" Ella debe merecer esta enfermedad, si no, ¿por qué otro motivo sería castigada? Reviendo su vida a lo largo de estos pasados pocos años, ella encuentra tantos defectos. Ella no visitó suficientemente a su padre cuando él estaba enfermo, ella grita a sus hipb3ur con demasiada frecuencia, ella obtuvo el puesto que su colega deseaba con desesperación. Ella a menudo está tensa, ella es demasiado obesa, ella ingiere las comidas inadecuadas, ella no hace ejercicio. Acaso ella haya querido esto. Su mente se confabuló con su biología para transformar alguna célula, o para fallar en combatir alguna célula, y ahora ella está enferma. De algún modo, ella siente que se merece esto.

Hay incluso algún consuelo en culparse a sí misma, porque le ayuda a sentir que ella tiene algún control sobre la situación -el poder de cambiar nuestro comportamiento. Si, de cualquier modo, ella puede ser benévola consigo misma, ella puede encontrar en la enfermedad una oportunidad para teshuvá, por conducir su vida en una dirección que esté más claramente alineada con sus valores verdaderos.

La enfermedad no hace quebrantar su fe. Ella aún no ha comenzado, sin embargo, a reformularla en vista de su experiencia. Ella no ha luchado con Dios. Por el contrario, ella ve a Dios como vengador, no como sanador. Ella pide que Dios se torne un aliado para destruir sus enemigos, quienes, ¡ay!, incluyen sus amigos. "Castígalos, y yo sabré que Tú eres justo, que hay justicia en la tierra." Ellos deberían estar sufriendo, no ella -ellos que hablan con falsedad cuando visitan, quienes murmuran luego, quienes pronostican un mal diagnóstico. Incluso su mejor amiga ha sido desleal. Nadie realmente la entiende, a nadie realmente le importa. Ella está sola, débil, doliente. Ellos están sanos. Ellos viven en un lugar diferente de aquél al que ella ha sido involuntariamente trasladada. Ellos viven en el país de los sanos. Ella, en el país de los enfermos.

Ella está en un lugar, al que muchos de nosotros podemos reconocer. Pero no es un lugar, en el cual podamos soportar permanecer por largo tiempo, una vez que hayamos desahogado nuestro enojo, sondeado las profundidades de la traición y el aislamiento. Porque ella se ha aislado a sí misma de su más importante fuente de fortaleza -su comunidad- y ella está procurando de Dios un falso alivio.

Para comenzar a encontrar una sanación, ella va a necesitar acercarse a otros, y permitir a otros acercarse a ella. Comenzando con uno o dos amigos, ella puede empezar permitiendo que la gente la vea cuando ella está enferma y pálida y no en sus mejores circunstancias. Ellos pueden ayudarla a restablecer una relación con su mejor amiga. Tal vez por ahora ella no está suficientemente fuerte como para una conversación honesta, pero si ella pide ayuda -una llamada telefónica, una comida, una visita- ambas podrían darse cuenta de la importancia de la una para la otra.

A través de conexiones con la familia y los amigos, ella puede comenzar a salir de su depresión. Ella puede empezar a reafirmar su propia valía. Ella sabe que ha sido bien estimada, y que tiene el don de la empatía. Ahora, conociendo el dolor y la desesperación, ella estará en condiciones de acercarse con empatía hacia otros.

Tantos de nosotros, cuando nos enfermamos, hacemos como hizo la salmista. Envidiamos a otros su salud, y los perdemos como aliados en recuperar nuestra salud. Somos demasiado orgullosos como para pedir apoyo. Nuestras oraciones reflejan la desesperación de este salmo. Pero nuestras oraciones a menudo contienen la sabiduría que puede conducir también hacia nuestra sanación, precisamente como lo hace este salmo. Nuestra sanación no reside en la autocompasión o en fantasías de venganza. Está en tocar la parte más profunda de nosotros mismos (y todos tenemos manantiales que corren muy profundamente), procurando consuelo de Dios, y acercándonos a nuestros amigos. Permitiéndonos ser consolados, podemos consolar a otros, y brindar un gran tikun/restauración a nuestro mundo.

Este proceso puede llevar un tiempo. Nada es fácil cuando estamos enfermos. Pero puede darse gradualmente. Luego, nuestras oraciones cambiarán de reclamos por venganza a clamor a Aquél-Que-Sana-El-Corazón-Destrozado para que nos ayude a sanar nuestro corazón.

Y al aprender a encontrar consuelo en un Dios sanador, realmente estaremos convencidos cuando digamos (versículos 13-14):

"Tú me sostienes por causa de mi entereza, y me dejarás permanecer en Tu presencia por siempre. ¡Bendito sea Adonai, Dios de Israel, de la eternidad a la eternidad - Amén y Amén!"

Preguntale al rabino

captcha

Oficina
Lunes a jueves 12:00 a 20:00 hs.
Viernes 10:00 a 16:00 hs.


Caja
Lunes a jueves de 12:00 a 19:30 hs.
Viernes de 10:00 a 15:30 hs.

 

Horario de encendido de velas
Montevideo, Uruguay: 

Viernes 21/07/17 - 17:37 hs.
Parashá Matot - Masei

 
Tefilá:
Viernes: Kabalat Shabat a las 19:30 hs.
Sábado: Shajarit Shabat a las 10:00 hs.

Los
servicios tienen lugar en Bait Jadash.
Durante los Jaguim hay servicios de Arvit a las 19:30 hs y de Shajarit a las 10:00 hs.

Fuera de nuestros horarios de Administración, ante un fallecimiento, por favor comunicarse al: 1789 - 3333.