Montevideo - Uruguay - Teléfono: (+598) 2709 0709

El hostal que no pregunta

Un retrato de los trotamundos, buscadores de dios y almas perdidas que vivían en la pensión de Abu el-Hawa junto con Lance Wolf, el norteamericano que fue golpeado hasta morir en una calle de Jerusalem en agosto
Por Shany Littman

Una lluviosa noche de invierno hará medio año, alguien golpeó en la puerta de nuestra habitación en el hostal jerosolomitano. Después de dudar un poco, abrimos la puerta; eran las 3:00 de la madrugada. Parados ante la puerta estaban dos hombres jóvenes, empapados hasta los huesos, que nos preguntaron si teníamos lugar para ellos. Les dijimos que no había camas vacías en nuestra habitación, y siguieron hasta el último piso. Unas horas después, nos encontramos con ellos en la cocina, tomando té para el desayuno.

Con las tazas de té caliente bien apretadas en las manos, todos en la cocina esa mañana parecían cansados y con frío. La mayoría no habían visto sus verdaderos hogares (si es que realmente los tenían) por muchos meses. Nosotros éramos diferentes; éramos residentes de Tel Aviv que estábamos parando en el hostal sólo por una noche, mientras trabajábamos en un documental acerca del Monte de los Olivos. Nadie nos preguntó nada, ni siquiera cuando vieron nuestra cámara.

Lo que define al hostal es exactamente eso: Nadie hace preguntas. Todos son bienvenidos, y nadie tiene que decir cuanto tiempo piensa quedarse, o de donde viene ni adónde quiere ir después de Jerusalem. Nosotros rompimos esa regla e hicimos preguntas. Algunos las respondieron alegremente; otros las esquivaron y se fueron a sus habitaciones tan pronto como pudieron.

Ahí conocimos a Irena de Nueva Zelanda, que estaba visitando Israel por segunda vez. Parecía alrededor de 50, y tenía una hija grande en Nueva Zelanda. Vino a Israel en el otoño del 2009, y después de unos meses de viajar por el país, se encontró sin dinero y con una visa de turista vencida en Jerusalem. Mientras paseaba por la Ciudad Vieja, oyó acerca del hostal de Ibrahim Abu el-Hawa en el corazón del pueblo de A-Tur en el Monte de los Olivos. Le dijeron que era un lugar especial, operado por un activista por la paz, y que los pasajeros podían quedarse ahí sin ninguna condición. Llena de miedo, Irena subió las escaleras que suben serpenteando por el Monte de los Olivos; A-Tur es un pueblo palestino, muy diferente a aquellas partes de la Ciudad Vieja que están invadidas por turistas.

Camino al hostal, se encontró con un hombre árabe de unos 70 años vestido con una túnica blanca y una kefia roja en la cabeza. Le dio su tarjeta de presentación. Era nada más ni nada menos que Abu el-Hawa, y la condujo al hostal, que es también conocido como la Casa de la Paz. Residió ahí por unos meses y se convirtió en una especie de hostelera, responsable de la asignación de habitaciones.

Irena hablaba a menudo de Dios, y de los milagros que había experimentado desde que había llegado a Jerusalem. Consideraba su encuentro con Abu-el-Hawa como un milagro: “No planeé ir al Monte de los Olivos. Ese fue el plan de algún otro. Siento que he sido enviada aquí,” dijo.

Describió su juventud llena de alcohol, drogas, malas compañías e infracciones de la ley. A los 17 años, ella y una amiga asaltaron una tienda. “Esa noche, después que me dormí, me desperté repentinamente, y sentí a dos malas creaturas sujetándome la cabeza y los pies,” dijo. “Me escuché a mi misma gritando. Lloré y me encontré descendiendo una ladera oscura hacia un agujero negro. No podía moverme ni hablar, pero sentí que tenía que luchar por mi vida. Pensé en mi madre y como nos había llevado a la escuela dominical y después pensé en Dios, y de repente las creaturas desaparecieron. Nunca olvidaré ese momento. Casi me morí y fui al infierno, pero Jesús me salvó.”

La mañana después de la tormentosa noche de invierno, Irena se sentó en la cocina con los dos jóvenes que habían llegado a las 3 a.m. – Marco un alemán y Nicolás un francés que estaban camino a Egipto. Ambos habían estado recorriendo Europa Oriental y el Medio Oriente por varios meses. Marco dijo que mientras encontraran una taza de café caliente por la mañana podían continuar. Se habían encontrado en Siria y viajado juntos a Jordania donde alguien les habló del hostal en el Monte de los Olivos.

Nació para dueño de casa

Abu el-Hawa, un musulmán sufí abrió el hostal hace décadas. La reputación del hostal es pasada de boca en boca entre los turistas, es conocido como un lugar agradable para personas de todas las naciones y religiones. Para la gente que está haciendo viajes largos la posibilidad de quedarse en un lugar en el área de Jerusalem por un precio nominal es extremadamente atractiva.

El refrigerador en la cocina tiene un cartelito que dice “Tu madre no te quiere.” El mensaje es que debes limpiar después de usar las cosas porque nadie lo hará por ti. Cada pasajero lava su ropa, limpia su cuarto, en la cocina todos ayudan con la vajilla. Abu el-Hawa se encarga de la cocina, tanto es así que lo primero que dice a cualquiera que llegue al hostal es, “Siéntate, come algo. Después hablaremos de lo que te trae aquí.”

En el lavadero está colgada una alcancía, en la cual los residentes dejan dinero para pagar por su estadía. Al salir, y quizás motivado porque había una cámara apuntándolo, Marco dejo una suma generosa en la caja. Otros en cambio se aprovechan del sistema y no dejan nada. Abu el-Hawa nunca pide que le paguen. Siempre encuentra la forma de dejar un bol de arroz amarillo y un plato de verduras en la mesa. Cuando le sobra algo de dinero les ofrece refrescos a los pasajeros, cuando el dinero no alcanza todo el mundo toma té.

Abu el –Hawa dice que ha heredado la pasión de atender a invitados de sus padres. Antes de la Guerra de los Seis Días de 1967, montado en un burro blanco recorría Jerusalem Oriental y ganaba algo de dinero fotografiando a turistas. A veces invitaba a turistas a casa de sus padres para una comida y hasta para pasar la noche. Cuando creció y tuvo su propia casa continuó invitando a huéspedes que coleccionaba de las calles de Jerusalem, debido a su deseo de acercar a la gente. Era activo en varias organizaciones de paz y en iniciativas inter religiosas.

Esta mañana otro turista, Paul de Canadá, vino a la cocina. Había pasado 18 meses viajando por Israel antes de venir al hostal. También había viajado extensamente en Canadá, viviendo al aire libre y bebiendo agua de arroyos. Un día escuchó la voz de Dios que le decía que viajara a Tierra Santa.

Le preguntamos que exactamente había venido a hacer a Israel. “A cambiar el mundo,” replicó, sin ni sombra de una sonrisa. Después nos mostró una pila de papeles en los que había delineado sus propósitos, en largas oraciones sin puntuación.

“Estamos al comienzo de un período de revelación,” nos informó,” y estoy tratando de asegurarme que el mundo sepa esto y pueda leer los signos. Nos estamos dirigiendo hacia el Final de los Días, habrá días malos, pero después habrá días buenos. He venido a Jerusalem para hacer conocer la palabra y entonces iré a Galilea. Estoy buscando a caballeros andantes, a personas que se levanten para luchar por el rey de los cielos. Ahora tengo que ir a rezar,” anunció, terminando su declaración.

Un americano llamado Lance Wolf, con una kefia roja y una cara arrugada, entró a la cocina. Él también había llegado al hostal vía alguna ruta milagrosa, que no podía o no quería describir. Lance insistió que muchas personas venían a Jerusalem debido a una fuerza que no podían describir. Todos en el hostal, explicó habían conocido a Abu el-Hawa por accidente y él les había dado la bienvenida.

“La verdad es que prefiero la Ciudad Vieja,” Lance confesó, “pero he descubierto que en mi vida, lo que quiero y lo que me sucede son dos cosas diferentes, y es mejor entregarse a lo que pase y no tratar de lograr todo lo que se quiere. Me gusta cuando tengo una meta, pero no me gusta preocuparme por detalles, porque me hace perder experiencias.”

Cuando Abu el-Hawa entró a la cocina, Wolf le dijo, “Bienvenido a mi casa.”

Muerte de un pasajero

A principios de setiembre, medio año después de esa lluviosa noche de invierno regresamos al hostal para consolar a Abu el-Hawa por la muerte de Lance Wolf el residente más permanente de los últimos dos años.

Abu el-Hawa nos dijo que se había preocupado por Wolf como una madre nerviosa. El norteamericano pasaba horas en su habitación a veces olvidándose de bajar a comer.” Abu el-Hawa solía enviar a alguien para que lo llamara para venir abajo a comer.

“Siempre estaba preocupado de que se moriría en mi casa y que dirían que un judío había muerto en casa de un musulmán,

Wolf no tenía posesiones, así que Abu el-Hawa le daba dinero para cigarrillos y vestimenta.

Wolf no murió en el hostal. Murió en una calle en Jerusalem central, en mitad de la noche después que dos jóvenes lo asaltaron, aparentemente porque se negó a darles cigarrillos. El asalto fue filmado por cámaras de seguridad de la policía.

“Me gustaría matar a los que lo hicieron,” gritó Abu el-Hawa. Asombrado por su arranque, se corrigió rápidamente, “Dios me perdone no eran más que pibes.”

Lo único que se encontró en el maltrecho cuerpo de Wolf cuando su cuerpo fue llevado al hospital fue una tarjeta de Abu-el Hawa. Abu el-Hawa lo visitó en el hospital todos los días durante una semana hasta que Wolf murió. El norteamericano, un judío fue enterrado en el cementerio Guibat Shaul, en Jerusalem. Abu el-Hawa dice que no se le permitió tomar parte en el funeral.

Varios estudiantes japoneses visitaron el hostal hace unas semanas. Comiendo tranquilamente en la cocina dijeron que nunca habían conocido a Lance Wolf. Irena se fue después que Abu el-Hawa logró juntar los fondos para comprarle un pasaje de avión a Nueva Zelanda, Abu el-Hawa nos dijo que Irina estaba considerando convertirse al judaísmo y regresar al Monte de los Olivos después que viniera el Mesías. Paul parece que se fue a alguna otra parte en la Tierra Santa en su búsqueda de caballeros andant4es del reino de los cielos, seguramente está todavía tratado de difundir las nuevas sobre el Día del Juicio.

El único en el hostal que decía que había conocido a Wolf era un trabajador por la paz australiano, que tenía 45 años. Dijo que conoció a Wolf hacia varios meses cerca de la Puerta de Damasco. Wolf lo invito a cenar en el hostal y el australiano se quedó a vivir ahí.

“Me gusta conocer a turistas aquí que no conocen los hechos de la ocupación,” explica, “Les explico como son las cosas y los llevo a manifestaciones.” El australiano declinó dar su nombre diciendo que los israelíes quieren detenerlo debido a su actividad política.

En Australia vivía en una granja en un bosque tropical. Es imposible sentirse solo en lo de Abu el-Hawa, dijo, pero sin embargo, confesó que extraña los bosques. “Los árboles de olivos no son exactamente lo mismo, pero tengo una misión que cumplir y no quiero irme,” dijo.

Fuente: http://www.haaretz.com/

Traducido por Ría Okret

Oficina
Lunes a jueves 12:00 a 20:00 hs.
Viernes 10:00 a 16:00 hs.


Caja
Lunes a jueves de 12:00 a 19:30 hs.
Viernes de 10:00 a 15:30 hs.

 

Horario de encendido de velas
Montevideo, Uruguay: 

Viernes 22/09/17 - 18:23 hs.
Parashá Hazinu

 
Tefilá:
Viernes: Kabalat Shabat a las 19:30 hs.
Sábado: Shajarit Shabat a las 10:00 hs.

Los
servicios tienen lugar en Bait Jadash.
Durante los Jaguim hay servicios de Arvit a las 19:30 hs y de Shajarit a las 10:00 hs.

Fuera de nuestros horarios de Administración, ante un fallecimiento, por favor comunicarse al: 1789 - 3333.