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Vaiélej

Palabras de Roby Schindler en el primer shabat del año.
 
Este Kabalat es uno de los únicos dos shabatot en todo el año, en el que el rabino de la comunidad está obligado a compartir palabras de torá. 
Se me pidió a mí, que hable en este shabat tan especial. Asi que lo primero que quiero hacer, es agradecer a Jagay, a mis compañeros de directiva y a mi Presidente, Danico, por regalarme esta oportunidad de estudio y poder compartir con mi comunidad un par de ideas, unos pensamientos. 
 

Por qué es tan importante este shabat, como para que sea uno de los únicos 2 shabatot en todo el año judío, en el que el rabino debe hablar? 
 
Hay sin dudas, una cantidad de respuestas, pero básicamente porque este es el 1er shabat del año y porque está ubicado entre las 2 fechas más importantes y solemnes de nuestro calendario: Rosh Hashaná e Iom kipur, los Iamim Noraim. 
 
La parashá de esta semana se llama Vaiélej. Es la parashá más cortita de toda la torá, pero es en la que d-os le recuerda a Moshé que no va a entrar en la tierra prometida, y que vaya hablando con Ioshua, para prepararlo porque es quien lo va a suceder en el liderazgo del pueblo judío, y ahí es cuando Moshé le dice a Ioshúa en frente de todo el pueblo: Jazak ve´ematz, sé fuerte y ten valor. 
 
Además en esta parashá, es cuando Moshé termina de escribir la torá y queda impuesta la última mitzvá, la nro 613, que dice que todos debemos escribir una torá,...y cuando leí esto, me dije: que sensación de completud más linda, ¿no? Todos los aquí presentes, en la Nci, ya cumplimos esa mitzvá, 
 
Esta parashá casi siempre se lee junto con la parashá de la semana pasada "Nitzavim", en la que Rodrigo nos enseñó que nitzavim es "estar parados con firmeza", pero este año, al haber un shabat entre Rosh hashaná e Iom kipur, la parashá Vaiélej se lee sola. Vaiélej quiere decir "... Y caminó". 
 
Nuestros sabios quisieron que luego de una parashá llamada “Nitzavim”, venga otra llamada “Vaielej”.
 
Nitzavim: estar firmemente parados incorporando a nuestras vidas los valores eternos de la torá, para estudiarlos, entenderlos y asimilarlos. Pero también debemos ser Vaiélej: o sea debemos avanzar en la forma de ver el mundo, porque lo querramos ó no, los tiempos cambian. 
 
El movimiento masortí a través de su lema "tradición y cambio", nos muestra el camino para lograr la continuidad de nuestro pueblo, encontrando en la torá, las respuestas para nuestra vida cotidiana. Tradición: Nitzavim, y cambio: Vaielej. 
 
Hay una historia en la que 2 niños se encuentran en el patio de la escuela, y uno le dice al otro:
—Hoy, nos enseñaron todo respecto al animal más grande y poderoso del mundo. 
— ¿Y qué aprendiste?
—Nos enseñaron que es tan alto como un poste de luz, que son capaces de derribar un edificio con su cola y que comen toneladas de alimento.
— ¿Y donde hay uno de esos animales? ¡quiero conocerlo!
—La maestra nos dijo que se los puede ver en el museo de ciencias naturales.
—Pero como, ¿no existe ninguno vivo? ¿pero si es el animal más fuerte? ¿cómo que no hay más?
—lo que pasa es que la maestra nos dijo algo así como que había comenzado a cambiar el clima y estos animales, llamados dinosaurios, no supieron evolucionar, por lo que murieron todos, y hoy, sólo quedan los esqueletos.
 
Nuestros sabios nos enseñan que la única manera de generar continuidad en el pueblo judío y no terminar siendo piezas de un museo, es uniendo estos dos conceptos: Nitzavim y Vaielej.
 
Una de las personas que mejor entendió y definió estos dos conceptos, fue el rabino Marshall Meyer z'l. Este rabino, solía decir: "el judío debe ser capaz de sostener la torá con un mano y el periódico con la otra". 
 
La torá en una mano y el diario en la otra...
 
La torá continúa viviendo y respirando porque nosotros continuamos conversando con ella.
El rabino Byron Sherwin, quien falleciera hace apenas unos meses, en unos de sus ensayos escribía que “en la literatura judía medieval, las consonantes del alfabeto hebreo son comparadas a un cuerpo, y las vocales a un alma. Sin embargo, la torá está escrita sin vocales. La torá necesita que una persona provea las vocales, que una persona sea la que dé su alma, para que la torá pueda vivir, y ser escuchada. Sin una persona, el texto sagrado permanece mudo.” 
Hace un par de semanas, leí un libro que me llamó mucho la atención. Ese libro se llama "Clean", escrito por el Dr. Alejandro Junger, un cardiólogo uruguayo que se hizo famoso con su dieta Clean. En realidad no se trata simplemente de una dieta, sino de una limpieza, tal como se llama el libro: Clean. La explicación que da Alejandro en su libro, se basa en que en un ámbito limpio, no hay lugar para las bacterias malas, que son las que nos hacen padecer los males de los que nos quejamos todo el tiempo: cansancio, insomnio, constipación, dolores de cabeza, y por supuesto enfermedades. Entonces él propone una limpieza interior de los órganos donde se procesa la comida que comemos. En la medida en que esos lugares estén limpios, no serán el ámbito fértil que necesitan las bacterias malas para instalarse a vivir y hacernos pasar mal. 
 
 
A este shabat se le llama también shabat shuvá, que es la 1er palabra de la haftará que leemos a continuación de la parashá Vaiélej, cuando la parashá se lee sola, como es el caso en este año. Shuvá de retorno, de arrepentimiento. Los 10 días que van de rh a ik son un período de reflexión y de reconexión; pero a raíz de la explicación del libro clean, a mi me gusta considerar los Iamim Noraim, como un período de limpieza. Una limpieza interior y a fondo, de nuestra alma, de nuestro espíritu. Normalmente en estos 10 días, analizamos nuestras vidas, hacemos un balance y planificamos un nuevo año. Nos contagiamos de una onda espiritual que anda por todos lados. Pero deberíamos reflexionar sobre nuestros errores en la intimidad más absoluta, de manera de no tener miedo que alguien nos juzgue. En estos días deberíamos reparar las relaciones que se dañaron y deberíamos ser más compasivos. En definitiva el mandato de la teshuvá no es sólo "el retorno", como forma de arrepentimiento, sino que la teshuvá se valida cuando generamos un cambio en nuestra actitud y como consecuencia en nuestras acciones. 
 
Cuando dejamos de lado los sentimientos mezquinos, aún cuando estemos seguros que tenemos razón. Cuando nos hacemos de coraje para llamar a ese alguien con quien nos peleamos ó de quien estamos distanciados, y pedimos perdón. Cuando aprendemos a dar vuelta la página, a abrir mano, a dejar ir. De esa forma, estaremos eliminando pensamientos negativos que no nos permiten disfrutar del rico sabor de la vida. Cuando somos capaces de cambiar la perspectiva de los asuntos que nos provocan malestar, cambiamos la manera de sentir y como consecuencia cambiamos nuestra actitud y estamos más contentos. Alguien, alguna vez dijo: "el mundo no es como lo vemos, sino que lo vemos como somos". 
 
Los pensamientos negativos son tóxicos y sólo lastiman y contaminan el alma. Hay que sentir más gratitud, sonreír más y hacer cosas buenas por los otros, porque eso automáticamente genera alegría y bienestar. 
 
Por eso a mí me gusta considerar los Iamim Noraim, estos 10 días de teshuvá, un tiempo de limpieza de nuestra alma, que nos prepara para vivir dignamente otro año más. 
 
¿Y saben qué? Esta limpieza, depende de nosotros, solamente de nosotros. De cada 1 de nosotros. 
 
Había una vez un pueblito, al que llegó un rab que era famoso porque siempre tenía la respuesta para cualquier tipo de pregunta. Todo el pueblo se congregó en la sinagoga, para recibir al rab y para que la gente le hiciera preguntas. El rab respondió todas y cada una de las preguntas que le hicieron, hasta que finalmente se acercó a la bimá una niña que le dijo al rab que ella tenía una pregunta para hacerle. La niña tenía en una de sus manitas un pajarito. Cerró ambos puños, y se los llevó a la espalda y le preguntó al rab, si el pajarito que tenía en su mano, estaba vivo ó estaba muerto. El rab enseguida supo que respondiera lo que respondiera, la suerte del pajarito dependería de lo que la pequeña niña hiciera con su puño. 
 
Si el rab contestaba que el pajarito estaba vivo, ella podría estrujar su manito y matarlo, en cambio, si el rab decía que el pajarito estaba muerto, la niña podía simplemente abrir la mano, para mostrar que el pajarito aún estaba con vida. 
 
Lo mismo, sucede con nosotros y  y el judaísmo. Lo tenemos en nuestra mano y de nosotros depende apretar y dejar morir, ó abrir la mano y dejar vivir. 
Quiera d-os que usemos este precioso tiempo en el calendario judío para limpiar nuestras almas, que elijamos abrir la mano para darle vida al judaísmo, y tal como Moshé nos lo pide en esta parashá, seamos fuertes y tengamos valor!
 
Shabat shalom
 
 

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Parashá Tzav

 
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